miércoles, 25 de agosto de 2010

"Cole". La novela no escrita.

(El intro de una novela que no llegué a escribir)

Cole.

La soledad reinaba esa noche. Ya entraba la madrugada con el frío intenso, tan húmedo que congelaba los huesos y se escuchaba su tronido al moverlos.
El simple roce del viento helado contra la piel, parecía cortarla tan finamente como una navaja de afeitar, y los movimientos tan simples como pestañear o respirar se tornaban dolorosos.

La luna dominaba el horizonte, y las estrellas se veían tan claras y nostálgicas que uno hubiera jurado que eran una pintura de da Vinci. Lo único que se escuchaba era el viento correr, silbar como anticipando un evento, y el sentimiento aumentaba minuto a minuto  llevando en su carrera al corazón, agitándolo cada momento más, convirtiendo ese suspenso y esa soledad en insufribles.

La ropa más abrigadora se volvía escarcha sobre la piel, y la espalda parecía cargar un gran peso congelado, amainando la fuerza y elevando poco a poco el dolor a cada paso.

Cole miraba hacia enfrente mientras metía las manos en sus bolsillos, buscando encendedor y algún cigarrillo.
Era una maniobra un tanto difícil, debido principalmente a dos cosas: tiritaba de frío y sus dedos estaban tan entumecidos que no podía hacer fuerza para abrir la cajetilla o sacar un cigarrillo.

Le dió dos o tres bocanadas antes de siquiera sentir algún sabor del tabaco, pero disfrutaba el alivio del calor que le daba el humo al calentar su cuerpo desde las entrañas, y al exhalarlo se difuminaba poco a poco, creando las figuras más extrañas y bizarras en el aire, como anticipando la complejidad de las vivencias que le dictaría su destino.

Caminaba poco a poco, escuchando el sonido de sus propios pasos y recordando, quizás por última vez, al menos de esta manera, todas las suertes por las que había ya pasado, que muy a pesar de su juventud, podrían llenar arriba de diez vidas de ancianos experimentados.

Todas las traiciones, decepciones, alegrías y tristezas... llenaban de momento sus entrañas, y por instantes dejaba de sentir el frío, dejaba de percibir su alrededor y vivía de nuevo las carcajadas y sonrisas, los llantos y sollozos, el dolor y la debilidad.

Cole necesitaba fuerza, mucha fuerza, tanta como nunca había sentido antes. Necesitaba convertir su debilidad en fortaleza, y él sabía que eso era posible por las leyes del balance, por el blanco en el negro y el cielo en el infierno.
Entonces, decidió convertir sus recuerdos en premisas, en direcciones...